PASEANDO POR ESTAMBUL Y CAPPADOCIA

…Y regresé a Estambul! Aunque nunca imaginé que fuera a hacerlo tan tan pronto. Pero una oportuna oferta de Turkish airlines tuvo la culpa 😉

Reconozco que nos gustan las ciudades pero confieso que somos más de naturaleza, paisaje, geología,… y los muchos encantos de la Cappadocia nos esperaban. De nuevo, por falta de tiempo, solo habría lugar para un breve contacto con Estambul.

Día 1:

Volamos directo desde Málaga y aterrizamos en el aeropuerto de Atatürk a última hora de la tarde.
Control de pasaporte y visado, recoger equipaje, cambiar algo de dinero en la Post office, y hacer una rápida cola para tomar un taxi,… y en menos de diez minutos de trayecto estábamos en el hotel. Por logística elegimos el alojamiento cerca del aeropuerto y por no complicarnos, tener buen precio y haberme gustado en la visita anterior, elegimos de nuevo el hotel Tempo fair suite airport.

Tras dejar las maletas, nos ponemos en marcha. Compramos jetones en las máquinas expendedoras y usamos metro y tranvía para llegar a Sultanhamet. Un paseo por la Estambul iluminada, la de las mil y un neones,… envolvente, exótica, milenaria… Llaman a la oración en la Mezquita Azul… y me ubico, me pellizco, me parece mentira estar otra vez allí.

Damos un paseo por el tranquilo “patio” de la mezquita, por sus jardines y alrededores, saludamos a la dormida Aya Sofia, callejeamos sin rumbo y antes de que cierren las cocinas cenamos en el agradable Enjoyer. Todo muy ok. Ya tarde y cansados del largo día deshicimos el camino en tranvía y metro hasta nuestro hotel.

Día 2:

Madrugamos para que nos cundiera la nublada mañana. En la cercana parada tomamos el metro, enlazamos con el tranvía y de nuevo estábamos en el viejo corazón de la ciudad. Comenzamos paseando por Sultanhamet, disfrutando de sus vistas, de sus mezquitas, de las calles que comienzan a palpitar.

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Paseamos por el hipódromo, por los jardines y alrededores de la mezquita y comenzamos a divagar sin rumbo por las preciosas calles, pendiente de todo…

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Gatos felices y perros felices forman parte del callejero de Estambul, entre todos los cuidan y ellos contentos están por todas partes,…

Nos vamos fijando en las bonitas casas otomanas…

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Sabíamos que no teníamos tiempo para hacer cola ni para largas visitas …así que nos conformamos con pasear por los jardines del palacio de Topkapi.
Y aprovechando que apenas había cola para visitar la Cisterna decidimos entrar. Antiguamente al parecer se visitaba en barca, ahora vamos por cómodas, pero menos románticas, pasarelas. El lugar me gustó, tiene su encanto, pero sobran los gritos de los muchos turistas,… tanto barullo que apenas se escuchaba el ninonino de la música ambiente… intenté concentrarme en el ninonino y mirar y remirar…

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Curioso ingenio subterráneo,… las altas bóvedas, cada columna de su padre y de su madre… y cuando el grueso de los turistas orientales no identificados se dispersaron nos acercamos a ver las columnas mas diferentes de todas, las mas legendarias… las Medusas…

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Cuando subimos del inframundo caían cuatro gotas literales que hizo que se disolviera la pequeña cola de entrada Aya Sofia… aprovechamos y entramos casi sin esperar.

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En el interior una sobredosis de estímulos…

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Cúpulas mágicas, estucos con palidolias de rostros, vidrieras, mosaicos bizantinos, mármoles, rituales …columnas, pasillos, suelos desgatados, inmensas puertas…

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Oportunas ventanas…

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Una mezcla de iglesia, mezquita, museo que, pese a tener reformas, andamios, y demasiados turistas desperdigados,… no deja indiferente.

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Tras la salida, de nuevo paseamos y callejeamos y desembocamos en el Bazar de las especias donde se concentran todos los aromas y sabores de Estambul. Mi memoria me lleva a Marruecos. Salimos, hicimos alguna compra rápida, atravesamos de nuevo la barriga del bazar y comimos en un bar local frente a Eminonü. Nos llega la música desde una cercana plaza, a los pies de la Mezquita Nueva, donde dos partidos políticos en campaña compiten en decibelios para obtener mas votos.

Nos acercamos a Gálata, el famoso puente con sus perennes pescadores y los pintorescos barcos de venta de bocadillos de pescado…

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Cruzamos el puente y lo sentimos vibrar bajo nuestros pies cada vez que pasa un automóvil…disfrutamos de las panorámicas…

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Ya en la otra orilla del Cuerno de Oro, nos dejamos llevar y después de mil y una ferreterías enfilamos la Torre Gálata.

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No subimos a la torre, preferimos pasear y buscar el café Konak y sus vistas. Nos perdemos un poco pero no nos importa, el lugar está lleno de tiendecitas, realidad, ajetreo…

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Aprovechamos para tomar un zumo…

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Ya reorientados, encontramos el edificio en cuya terraza se encuentra el café y subimos a tomar un te y disfrutar de las preciosas, aunque nubladas, vistas.

Como el atardecer no prometía volvimos a callejear, las cuestas ahora bajan… cruzamos de nuevo el cordón umbilical con vistas panorámicas y buscamos una antigua pastelería para comprar lokums … son un clásico en la repostería turca…y mmmmmm el de pistacho está riquísimo.

Poco a poco fuimos dirigiendo nuestros pasos hacia las proximidades del Hotel Orient Express para ir a cenar al Imbat donde habíamos reservado. La cena estuvo muy bien; muy rica la comida, genial el servicio y las vistas molan mucho. Con ella acabamos el día y rozando la media noche regresamos al hotel.

Rumbo a la Cappadocia. Sobre las nueve y media salía nuestro vuelo desde Estambul (Atatürk) a Kayseri. Despegamos con algo de retraso, y en poco mas de una hora estamos en “la tierra de los bellos caballos” que es al parecer lo que significa Cappadocia.

El pequeño aeropuerto se traduce en una recogida rápida de equipaje y de coche.
Alquilamos con Fox rentacar un Polo de gasoil. Todo ok aunque quizás estaba algo mayor o perjudicado y la cuarta era una especie de velocidad fantasma… casi como si no existiera.

No nos dieron mapa, y no llevábamos GPS… solo la ayuda puntual del móvil… así que lo primero era salir indemnes, ilesos y pronto de un Kayseri con grandes obras, con caos circulatorio, pasos a nivel, avenidas, cruces… Por suerte sabíamos que estábamos cerca de la autovía, buscamos y encontramos rápido la primera salida.

Por delante unos setenta kilómetros hasta Goremë el pueblo que usaríamos como base durante cuatro días. La señalización mas o menos ok, el firme por ahora aceptable, carriles suficientes, muy poco tráfico lo cual se agradece. En el verde paisaje a veces vemos algún cono volcánico… zonas de cultivos, pueblecitos y mezquitas salpicando el camino…

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En apenas una hora llegamos a Goremë. Es un pequeño pueblo muy turístico donde creo que el número de alojamientos cuevas, bares, tiendas, locales, supera al de hogares… Pero creo que posee ciertas ventajas que lo hacen un lugar cómodo para establecer el campamento base. Cerca de todo, tranquilo, tamaño manejable a pie, amplia oferta, horarios turísticos, excursiones… Es quizás como una mezcla encantadora de derrubios naturales, construcciones, obras y renacimiento, enredado en un puñado de pequeñas, empinadas y estrechas calles, con algo de cuento…

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Hicimos una rápida parada en un supermercado para compras básicas de avituallamiento, tomamos algo para ubicarnos y fuimos a regístranos al Panoramic cave hotel.

Se había ido la luz y como no podíamos hacer el check in nos pusimos en marcha para visitar el Museo al aire libre de Goremë. Pagamos el parking y en la entrada compramos la Museum Pass que durante 72h permite visitar la mayoría de los lugares de interés ahorrando unas liras/euros.

Entramos en el valle y ante nuestros ojos las primeras formaciones, las primeras oquedades… primeras casas cuevas, primeras iglesias, primeras chimeneas,… nuestro primer contacto con la geología de la Capadocia ¡¡encantadísima de conocerte!! 🙂

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Las primeras vistas de un valle impresionante… quizás el valle mas civilizado (personal de vigilancia, pasarelas, escaleras…) y ocupado por turistas.

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Por suerte no coincidimos con ninguna marabunta de orientales no identificados. Incluso pudimos ver sin prisas las diminutas iglesias, sin barullos y con cierta tranquilidad… Son varias, y la de la Herradura y la Oscura son las mas imperdibles debido al buen estado de conservación.
Lástima que no se puedan hacer fotos, pero da igual porque esa policromía mate no se olvida… como tampoco se olvidan las huellas dejadas por los iconoclastas… me dolía ver esas figuras con los ojos arañados hasta eliminar la pintura, hasta ser borrados…

No tenemos prisa. Paseamos. El día está radiante, azul Windows con alguna decorativa nube, hace calor y se agradece el frescor de las cuevas y las sombras de la primavera…

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Cruzamos la carretera, cotilleamos las formaciones del otro lado y volvemos al coche. Buscamos un lugar con vistas para comer y cerca del Valle Rosa preparamos nuestro ligero picnic. Tras el picoteo nos adentramos por el valle para avanzar hasta donde nos diera tiempo.

La tarde la dedicamos a caminar sin prisas por el Valle de las Espadas y por el Valle Rosa-Rojo… Ojipláticos, hicimos muchísimas fotos de las surrealistas formaciones… algunas muy Gaudí…

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Aparecemos entre altas espadas, flechas que apuntan al cielo, estratos desnudos, duros y blandos, formas caprichosas en los distintos estados de erosión de la piedra de origen volcánico llamada toba.

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Del valle me gusta todo, las texturas, los dibujos desdibujados, las ventanas, los recovecos, las puertas, …imaginarme el valle habitado, el valle con vida… inventar significado de los símbolos…

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Poco a poco cae el sol y envuelve el valle en una bonita luz lateral,…los colores de las piedras se iluminan… vemos caer la tarde y regresamos al alojamiento.

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El Panoramic cave hotel se encuentra en una de las partes altas del pueblo, no lejos de la mezquita principal, con unas vistas geniales, unas terrazas fantásticas y en general se puede decir que bastante ok.

Cenamos en el centro del pueblo, y en la terracita de un restaurante local dimos por acabado nuestro primer día “capadócico”.

Día 4:

Tras el desayuno el día comienza con un trail por Pasabag (Valley of the Monks). Me gustan sus formaciones, su suaves curvas, sus escenarios lunares cuasi galácticos…

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Pero… de nuevo…aparecen los guiris-buses y llega una marabunta oriental…

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Así que buscamos senderos menos transitados. Por suerte es fácil perderse, alejarse, y dejar atrás al grueso de la marabunta que llevan las excursiones muy cronometradas.

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El lugar es pequeño y no tarda mucho en recorrerse, tras el paseo regresamos al coche y nos ponemos rumbo al Museo al aire libre de Zelve. Allí estuvimos prácticamente solos y ya solo por ello nos gustó mucho aquel valle.

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Diferente al amarillento museo al aire libre de Goremë. Zelve es una sucesión de tres valles encajonados y es más rojo, casi marciano… y aunque sus iglesias están peor conservadas las vistas, lo solitario del lugar, el silencio absoluto, aquella tranquilidad le daban al lugar mucha magia y mucho encanto.

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No hay policromáticas pinturas, solo sencilla simbología de trazos ocres y alguna cruz en relieve… pero hay un molino, un básico lagar, una mezquita de sus últimos habitantes…algún palomar, algún túnel, ….

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Y cientos de casas… pues la población del valle de Zelve llegó a alcanzar los miles de habitantes…y estuvo habitado hasta los años 60… Me impresiona imaginar allí el latir de una ciudad, el bullicio en aquel encajonado valle, el vivir en la clandestinidad, siempre ocultos… imaginaba los duros inviernos, la nieve… los tórridos veranos…
Hoy: muchas flores, cuatro gotas, algunas palomas y una tortuga nos acompañan por los tranquilos, civilizados y callados senderos.

Cuando terminamos el recorrido decidimos acercarnos al Valle del amor. Las nubes engordaban por momentos, nos adentramos en el valle pero iríamos despacio… amenazaba tormenta y el sentido común nos decía que no deberíamos adentrarnos demasiado.

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Un jardín de pitos y tetas nos da la bienvenida, pero la tormenta ya suena… se acerca… Avanzamos poco a poco, sabíamos que si se ponía a llover siempre podíamos meternos a esperar que escampara en cualquier agujero horadado en la piedra… pero de repente encontramos una tienda/pequeño bar en mitad de aquella erótica festiva nada… y viendo que comenzaban a caer las primeras gotas allí nos resguardamos…

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Aquella parada se convirtió en una de las pequeñas anécdotas del viaje al estar allí mas de una hora al aguardo, tomando tés, algún rico zumo, charlando con otros turistas accidentales, cotilleando los viejos “suvenires” de la tienda, …se nos chafó un poco el paseo pero la charla estuvo entretenida.

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Cuando escampó regresamos. No nos atrevimos a continuar pues se veían pequeños cauces y regueros en los caminos que a nuestra ida estaban vacíos y tras el chaparrón iban llenos… Volvimos al coche y acercamos a los compañeros de té hasta Goremë.

Escapando de las nubes llegamos a los pies de Uchisar. Estuvimos haciendo fotos a los alrededores…

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Después subimos al castillo. Una enorme mole de piedra taladrada, como un termitero fosilizado, galerías, pasillos, escaleras que ascienden hasta una panorámica cima desde la que se otean numerosos valles, llanos, el enorme estrato-volcán nevado de Erciyes (3.900m),…y el horizonte… Subidos a su corona disfrutamos de sus 360º de vistas…

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Y del atardecer iluminando los valles…

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La luz, las llanuras verdes, las ocres elevaciones, … a veces nos parecía una estampa africana, quizás era un poco Serengueti, esas planicies con aquella neblinosa luz difusa nos inspiraba a hacer cientos de fotos más mientras caía el sol poniendo casi fin al tercer día.

Cenamos en el turístico pueblo base, Goremë, donde los horarios se adaptan a nosotros, los precios, incluso los menús, …la oferta es amplia. Elegimos la terraza de uno de los muchos restaurantes. Cenamos rico y barato, y con un té de postre pusimos fin al día.

Día 5:

Queríamos hacer el vuelo en globo y estábamos pendientes del mail pues el dueño del Nazar Hotel de Selçuk me estaba ayudando a contratarlo por 100€ por persona. También estábamos pendientes de la meteorología. Ayer no salieron, pero hoy una especie de ajetreo acallado nos decía que sí… y a eso de las cuatro y media de la mañana nos levantamos y nos pusimos en marcha. Sabíamos donde preparaban los globos y desde donde despegaban… y allí que nos fuimos con las legañas puestas y las cámaras al cuello.

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Para nosotros todo era nuevo. El sonido de los quemadores, el resplandor del fuego, los cientos de colores, las sedosas telas… Casi en sincronía, y poco a poco, decenas de globos nacen como suaves burbujas tibias y comienzan a elevarse desde las entrañas del valle casi dormido…

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Como champiñones psicodélicos motean el cielo que comienza a despertar…

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La luz hace aparecer y brillar los colores, se transparentan las finas telas, reluce el cielo, los valles,…

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En el cielo la bandada de globos, en tierra una diáspora de pickups y furgonetas en una especie de casi safari sincronizadas de acá para allá para ayudar al aterrizaje y recoger a los turistas. Nosotros perseguimos a la bandada, disfrutamos mucho del espectáculo y del momento fotos.

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Después de que aterrizaran regresamos al hotel pero de camino decidimos parar en Urgüp ballons, la empresa con la que mi contacto estaba tramitando nuestro vuelo, para ver si me podían dar ya alguna confirmación. Y así fue. Me dijo que finalmente había plazas y que podríamos volar… ya solo dependía de la meteorología. Muy feliz salí de las oficinas y fuimos a desayunar al hotel.

Ya sin legañas nos volvemos a poner en marcha rumbo a Urgüp…

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Paramos en las cercanas chimeneas de las hadas…

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Urgüp es un pueblo algo mas grande que el diminuto Goremë, y aunque también tiene un halo turístico en el hay mucha más vida turca. Además es sábado y hay mercado, sus calles palpitan agradable cotidianidad y ajetreo, compra, vende, vas, vienes, te llevo, espera, un té, otro té, un tractor, una moto, ningún intermitente,…

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Continuamos rumbo a Derinkuyu. Usamos nuestra tarjeta y nos introducimos en el “pozo profundo” que es lo que significa el nombre de esta ciudad subterránea descubierta hace tan solo unos 40-50 años. En ella vivían más de 10.000 habitantes en 20 niveles que descienden a modo de laberinto 90 metros.

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Pasamos por túneles, galerías, amplias salas, escaleras, puentes diminutos, …Te agachas, te vuelves a agachar, te encoges, te doblas,… dejas pasar, te dejan pasar… Por el camino complejos sistemas de ventilación, de aguas y de seguridad, … Allí vivían, guardaban su ganado y sus víveres, prensaban uvas, bautizaban a sus hijos,… Y yo no podía dejar de pensar en la enorme capacidad de adaptación del ser humano.

A la salida entramos en una tienda repleta de cachivaches varios sin intención de comprar. El anciano turco hispanoparlante, viéndome interesada en lo que me parecía mas viejuno, interpretó que me gustaban las antigüedades y se dispuso a abrir su caja fuerte y a enseñarme auténticos tesoros romanos, hititas, bizantinos… Auténticas monedas, pulseras, abalorios, figuritas,… todo era escandalosamente curioso y precioso, ojiplática miraba aquel despliegue de historia sobre el mostrador. El vendedor incluso nos enseñó unos documentos que, se supone, le permiten la venta legal de auténticos tesoros arqueológicos. Obviamente no compramos nada pero nos gustó ver las curiosidades escondidas en aquella abarrotada tienda.

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Paseamos un poco por el pueblo. Hacíamos fotos para nuestra colección de “coches en peligro de extinción”, cuando una abuela y su nieta nos pidieron que le hiciéramos una foto… Era una Abuela Abuela que me recordó a la mía, sus muchas arrugas en su oscura piel curtida como un pergamino de vida, los ojos sabios y caídos de tanto ver y mirar, su cuerpo menudo… La chica nos daba las gracias y se despedía en un correcto inglés de escuela. Nosotros se las dábamos a ellas mientras le enseñábamos los resultados en la pantalla de la cámara.

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Las nubes se oscurecían y ahora nos tocaba decidir si avanzar hacia el Valle de Ihlara como era el plan o retroceder. Elegimos continuar… pero pronto tuvimos que dar la vuelta… la lluvia dio paso al diluvio y este dio paso a una granizada. Los arcenes de las carreteras turcas parece que se desmoronan con el agua, en algunos tramos llega barro, en otros hay baches, cada vez hay más grava suelta… Apenas se veía nada bajo aquella espesa cortina y no quisimos tentar la suerte, nos alejaríamos de aquella nube negra que tenía pinta del día del fin del mundo. Aunque aquella decisión supusiera olvidarnos en este viaje de visitar el Valle de Ihlara y de lo que mas pena me daba, el Monasterio de Selime.

Pero viajar tiene estas cosas, y simplemente nos adaptamos al medio, … es lo que toca. Retrocedimos y volvimos a pasar por Uchisar parando en algunos miradores…

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Por aquí también había llovido…Entramos en el Valle de las palomas para ver su estado tras la lluvia… y de nuevo avanzamos hasta donde el sentido común nos decía.

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Había subidas y bajadas resbaladizas, seguía habiendo nubes y decidimos dar la vuelta. Nos conformaríamos con las vistas desde el mirador donde nos dio tiempo a hacer algunas fotos antes de que comenzara el chaparrón.

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Desde el coche vimos a una feliz novia posar junto al árbol de los deseos del mirador… radiante pese a la lluvia…

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Por suerte los chaparrones no solían durar mucho, y la tarde la pudimos dedicar a pasear por los solitarios senderos de Zemi Valley. De nuevo formaciones grotescas, formaciones suaves, el contraste con el verde…

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Por el camino unos tenderetes cerrados con juguetones espejos…

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Buscamos allí mismo un lugar para ver el atardecer, rodeados de primavera, algún pequeño viñedo, las piedras curvas sinuosas, rectas y afiladas…

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Regresamos al hotel y esa noche cenamos en el Cappadocia Pide House, la pizza turca hecha en horno de leña riquísima, el precio genial y el camarero muy simpático.

Día 6:

¡¡Había llegado el día del vuelo en globo!!… ¡¡y la meteorología acompañaba!!
Las muchas ganas y la mucha emoción me quitaron el mucho sueño. Tempranísimo nos recogen en el hotel y nos llevan a la oficina para abonar el tour y tomar un desayuno ligero.

Y por fin nos ponemos en marcha. Vamos al descampado donde la mañana anterior nos volvimos locos haciendo fotos a los preparativos de los globos… y menos mal porque esa mañana tal y como llegamos embarcamos… el globo estaba casi listo para el despegue.

Subimos en la rectangular cesta y nos dan unas breves instrucciones para el aterrizaje. Nos recolocamos y preparamos las cámaras. A ratos sentimos el calor del quemador y a veces caen pequeñas partículas de hollín. Algunos aún embarcan, otros se preparan… otros comienzan su vuelo…

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¡Y nosotros nos elevamos!! … Al principio como subidos en un lento ascensor… pero cuando el quemador se calla y se hace el silencio total el ascenso se asemeja al de una sigilosa alfombra voladora, suave, ligera, leve, etérea,… Una sensación nueva, fantástica, acompañada de unas espectaculares vistas de los valles explayándose bajo nuestros pies y ante nuestros felices ojos…

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Panorámicas increíbles, cuasi lunares, muy marcianas,…

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Inolvidable amanecer rodeado de globos por todas partes…

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La tierra a vista de pájaro… las nuevas perspectivas…

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Nos gustó todo, desde los preparativos que vimos mejor el día anterior, el despegue, el vuelo, el original aterrizaje… hasta cuando el globo se deshincha y cientos de metros de tela colorida y sedosa caen desde el cielo.

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Volar en globo es casi siempre una experiencia algo cara…pero era de esas cosas pendientes que queríamos hacer algún día… El precio no era muy loco, el lugar muy panorámico…y fue un vuelo inolvidable.

Respecto a la seguridad, supongo que dependerá de la compañía elegida. Para ello recomiendo echar un vistazo a las opiniones en Tripadvisor. Pero en general tienen precios similares, paquetes similares,… A nosotros nos parecieron profesionales y serios y nos sentimos seguros durante toda la actividad.

Bajamos de nuestra alfombra mágica y después del momento guiri final (champan, flores silvestres y diploma) volvimos al hotel a preparar las maletas y a desayunar. No suelo poner fotos de los alojamientos, pero por si es de utilidad…

Perfectas terrazas para desayunar…

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Las vistas desde el Panoramic cave hotel…

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Tras el desayuno, hicimos el check out y nos pusimos en marcha. Pasaríamos la mañana por la zona y al medio día nos dirigiríamos a Kayseri para dormir cerca del aeropuerto. Primero pusimos rumbo al Valle de la imaginación o Valle de Devrent. Por el paseamos. Inevitable no buscar parecidos, similitudes, en las formaciones… algunas clásicas como el “manío” camello…

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Después de ver “monos” por todas partes nos movemos intentando buscar un claro entre las nubes. Y así acabamos de nuevo en Urgüp donde aprovechamos para hacer las penúltimas compras y dar un último paseo por las tranquilas calles del pueblo…

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Las nubes nos hacían dudar mucho. Decidimos no alejarnos y como premio de compensación la primavera nos regaló un campo de amapolas con Uchisar al fondo. Estuvimos allí un rato con la fotogénicas flores.

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Unos últimos miradores, y comenzó a llover. Nos refugiamos en las tiendas de Goremë haciendo unas últimas compras …

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Y viendo que no escampaba… decidimos ponernos en marcha rumbo a Kayseri para no llegar muy tarde.
La vuelta la hicimos tranquilos y apenas sin contratiempos, el único fue que entramos antes de tiempo a Kayseri en lugar de circunvalar… y con la ciudad en obras y su tráfico del infierno, …se hizo eterno encontrar el Ibis Hotel.

El viaje llegaba a su fin. En nosotros una agradable sensación, un montón de imágenes inolvidables, recuerdos… Un país agradable, cómodo, fácil, lleno de encantos, rincones, amabilidad, historia,… Un país para volver 😉
Y aunque nos hubiera gustado algo de menos lluvia… sabemos que para que haya flores debe llover… 😉

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2 respuestas a “PASEANDO POR ESTAMBUL Y CAPPADOCIA

    1. Mil gracias a ti compañera Salodari por tus bonitas palabras y por estar blogcerquita 😀 me alegra mucho leer que te ha gustado el paseo. La Capadocia es uno de esos rinconcitos geológicos muy únicos que hay que conocer algún día 😀 allí la acción del hombre y de la naturaleza no deja de asombrar. Sin duda, Turquía tiene lugares muy especiales 🙂 y enamora. Seguro que volveremos algún día 🙂 .
      La alfombra mágica 😀 moló mucho, y en aquel escenario tan de cuento 🙂 mola mucho más.
      Un abrazo grande!

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