PASEANDO POR MANUEL ANTONIO (Costa Rica)

Por la mañana dejamos el alojamiento, compramos dulces y zumos en la pastelería del pueblo para desayunar por el camino y nos decidimos tras algunas dudas logísticas a visitar la Reserva Bosque Nuboso Santa Elena. Está algo más elevado que la reserva de Monteverde. Ambas poseen una gestión privada. Los ingresos de Santa Elena van destinados a la gestión de la propia reserva y a programas de educación ambiental en colegios locales.

Era temprano, una hora perfecta para observar el bosque nuboso abrazado por las nubes que creaban un bosque de niebla a gran escala… La entrada fue espectacular… exquisita neblina con árboles inmensos, marañas de lianas, muchísimas epífitas (más del 25% de la masa del bosque corresponde a ellas), musgos y líquenes, bromeliáceas,… Humedad en forma de infinitas gotas que se posan en todo, un millón de helechos, un inolvidable olor a tierra, …

Sonidos incesantes de aves increíbles… precioso el diminuto macromundo… un auténtico sendero de bosque encantado. Realmente bonito. A medida que avanzaba la mañana la niebla se disipa, aparecen claros, el sol se filtra entre los verdes… se hace la luz.

La historia de los asentamientos en esta zona se remonta a la década de 1930 cuando algunas familias abandonaron el centro minero de Las Juntas (pequeña localidad junto al río Abangares, que fue un importante centro minero donde se extraía oro entre los siglos XIV y XX) y decidieron ganarse la vida trabajando en explotaciones agrícolas y madereras.

Fue en 1949 cuando cuatro cuáqueros, integrantes de este grupo religioso pacifista de Alabama (también llamados Los Amigos) fueron encarcelados por negarse a ir a la guerra contra Corea. Cuando finalmente fueron puestos en libertad once familias dejaron EEUU para instalarse en las fértiles tierras de Monteverde.

Eligieron esta región por dos razones: la primera porque algunos años antes el gobierno costarricense había eliminado su ejército y la segunda porque el clima fresco de montaña resultaba perfecto para la cría de ganado. Para evitar las inundaciones decidieron conservar los bosques tropicales lluviosos de la cima de las montañas. De este modo, los cuáqueros hallaron un refugio en una sociedad que respeta la libertad religiosa y desarrollaron una vida sencilla, trabajando como granjeros y produciendo queso.
Tras salir encantados del bosque y despedirnos del pécari de la entrada, Charlie, nos ponemos en marcha rumbo al Pacífico.

Después de un tramo de grava, polvo y cráteres llegamos a una carretera más decente que nos llevaría hasta el océano. La bajada desde las altas montañas, dejan ver unos preciosos valles multiverdes, profundas gargantas, grandes alturas,… y a lo lejos un poco difuminado entre nieblas se intuye el Golfo de Nicoya.

La carretera paralela al Pacífico comienza a mostrarnos diferencias entre una costa y otra. Las bananas han sido sustituidas por palmeras africanas productoras de aceite de palma, las edificaciones hablan de la conquista de los gringos de ese trozo del paraíso: algunas urbanizaciones tamaño XXL, unas construidas, otras en construcción, algunos resorts, megahoteles… puentes en obras para mejorar las comunicaciones… y entre tanto gringolandia aún se intuye ticolandia con sus casas de madera, su colegio, su iglesia y su campo de futbol… Atravesamos Esparza, San Mateo y el río Tárcoles donde paramos a mirar desde el puente a los cocodrilos !!

Continuamos dirección Jacó, nos atardece por el camino entre palmeras y atascos en las obras de la carretera. De noche llegamos al destino final: Quepos. Su nombre proviene de los “quepoas”, un subgrupo de los “borucas” que habitaron la zona en la época de la conquista. Al igual que ocurrió con muchas tribus nativas, fueron extinguiéndose a raíz de la esclavitud y las enfermedades transmitidas por los europeos. A finales del siglo XIX, cuando los granjeros de las tierras altas colonizaron la zona, no quedaba ni un quepoa.

Quepos se dio a conocer a principios del siglo XX como puerto exportador de plátanos. Aunque en las décadas posteriores las cosechas fueron empeorando a causa de las plagas y de los conflictos laborales y fueron las palmeras africanas las que sustituyeron a las plataneras como cosecha principal, generando menos empleo para los lugareños.

Sin embargo el futuro parece prometedor, ya que en Quepos se está construyendo actualmente un nuevo puerto deportivo (Pez Vela) que hará que los cruceros no tengan que atracar en Puntarenas. El aumento de visitantes supondrá más trabajo en el sector turismo, aunque nadie habla de las repercusiones negativas que ello está teniendo en el medio.

Buscamos las cabinas Piscis que serían nuestra primera opción, nos parecen un poco viejas y mal mantenidas… pero ya es de noche, estamos algo cansados del viaje y decidimos regatear y finalmente quedarnos allí ya que la ubicación, enfrente de playa Espadilla y muy cerca del Parque Nacional, nos parece muy buena.

Tras ubicarnos y ducharnos nos vamos a cenar al restaurante Marlin un rico arroz con camarones y un casado de pescado con corte de luz incluido. El ticocamarero nos cuenta que el final de esta estación ha sido excesivamente seco y este déficit de agua ha sido el causante de los grandes apagones y cortes de luz generalizados en todo el país. Linterna en mano llegamos a la habitación del hotel a descansar del largo día.

DÍA 14: MANUEL ANTONIO

Tempranito fuimos paseando desde el alojamiento hasta el Parque Nacional Manuel Antonio. Sin duda nuestra primera impresión nocturna de que esto parecía las Vegas con tanta lucecita multicolor se corrobora de día viendo la cantidad de alojamientos, bares y restaurantes, tiendas, un puticlub, más hoteles… que flanquean la carretera de montaña que une Quepos y Manuel Antonio… Todos ellos queriéndose apoderar de las vistas panorámicas al mar… Y como suele ocurrir en estos casos el desarrollo urbanístico va más rápido que la lógica… y por ejemplo el básico y sencillo alcantarillado de la zona se queda pequeño ante tan rápida invasión y las playas de la zona empiezan a correr riesgos de contaminación por aguas residuales.

Llegamos al parque, recorrimos varios senderos: el mirador, las playas de puerto escondido y las playas gemelas donde nos dimos ricos y solitarios baños acompañados al principio de la mañana por las iguanas y ya más tarde por algunos turistas… Después retrocedimos a la playa Manuel Antonio para seguir disfrutando de los baños, de las vistas y del Pacífico… Playas con bosques tropicales y cabos rocosos de fondo, acantilados de verde exuberante e islotes frondosos de diferentes tamaños y salpicados frente a la costa le dan a este parque el punto diferente.

Manuel Antonio se declaró Parque Nacional en 1972 para evitar que la zona fuera arrasada y derribada para erigir un megaproyecto urbanístico y turístico. Aunque en el año 2000 se amplió a su tamaño actual sigue siendo el parque más pequeño del país.

Naturalmente al ser uno de los destinos principales de América Central hay que compartir el idílico trocito de paraíso con más turistas que en ningún otro parque. El elevado número de visitantes anuales han ido pasando factura al entorno y a su fauna, por suerte el servicio del parque ha reaccionado a tiempo cerrando los lunes y reduciendo la entrada de visitantes a 600 entre semana y a 800 los fines de semana.
En las afueras del parque los vendedores aprovechan eso de estar en la zona más visitada de toda CR e intentan convencer a los turistas que compren sus pareos de ranas made in Guatemala… o sus figuritas made in México… porque realmente no hay casi nada manufacturado en CR.

Casi a última hora salimos del parque, nos tomamos algo en uno de los chiringos y regresamos al alojamiento dando un paseo por la playa. No muy tarde nos vamos a cenar a uno de los restaurantes con más historia del turístico lugar: El Avión.

Un bar construido dentro de la cabina de un Fairchild C-123 de 1954, y alrededor del mismo un restaurante con vistas panorámicas sobre al Pacífico y a sus atardeceres. La aeronave fue adquirida en los años 80 por el gobierno norteamericano para donarlo a la contra nicaragüense. Nunca salió del hangar de San José debido al escándalo en el que se vio envuelto Oliver North y sus seguidores del gobierno estadounidense. El avión recibe el nombre cariñoso de la locura de Ollie y fue en el 2000 cuando los emprendedores dueños de El Avión lo compraron por 3000$ y lo trasladaron vía marítima y por piezas hasta Manuel Antonio.

Desde allí vemos un atardecer algo gris pero para compensar… la noche nos regala una preciosa tormenta eléctrica seca con espectaculares rayos que caen sobre el océano mientras cenamos.

DÍA 15:  Playa ESPADILLA

Por la mañana nos vamos a la playa del alojamiento. En los jardines de las cabinas hacemos un gran descubrimiento: los monos titis!! Los monos ardillas son el emblema de Manuel Antonio, el día anterior no los vimos en el parque pero esa mañana disfrutamos un rato de ellos, fotogénicos, muy acrobáticos, muy divertidos y además preciosos.

Paseamos por la playa, baños con olas, día de relax en playa Espadilla. Una pequeña vuelta por Quepos. Tomamos algo en las proximidades del parque donde nos sentamos a ver la vida pasar y a hacer fotos… ya por la noche repetimos la cena en El avión con un atardecer algo más luminoso.

DÍA 16: MANUEL ANTONIO – POAS – ALAJUELA

Llovió mucho durante la noche, huele a verde húmedo, a tierra y a océano. Nuestra última mañana amanece nublada… me despido de los monos peluches y tempranito nos ponemos en marcha rumbo al valle central.

De la costa vamos pasando de nuevo a la montaña y poco a poco el café sustituye a las palmeras. El valle central es uno de los núcleos de plantaciones de café más importantes del mundo. En el siglo XIX se comprobó que el suelo y el clima de las tierras altas del valle central eran ideales para este cultivo. Fue el primer país de América Central en presentar el grano rojo de café, convirtiéndose rápidamente en el más rico de la zona.

Ante la perspectiva de la exportación, el gobierno fomentó activamente el cultivo de café proporcionando árboles jóvenes a los granjeros. Al principio, los productores exportaban sus cosechas a sus vecinos sudamericanos, quienes procesaban el grano y lo enviaban a Europa. En la década de 1840, los comerciantes locales exportaron algunos centenares de sacos de café a Londres. El éxito del café de CR acababa de comenzar.

El aroma del dinero atrajo a una oleada de empresarios alemanes que mejoraron técnica y financieramente el sector. A finales del siglo, más de una tercera parte del valle Central eran cafetales y el producto constituía más del 90% de las exportaciones y el 80% de la entrada de capital extranjero.

La industria cafetera se desarrolló aquí de forma diferente a la del resto de América Central. Los pequeños granjeros se convirtieron en los principales plantadores mientras que los magnates del café monopolizaban el procesamiento, la comercialización y la financiación. La economía cafetera creó una amplia red de comerciantes adinerados y cultivadores a pequeña escala; mientras tanto, en el resto de Centroamérica, un reducido grupo controlaba grandes haciendas en las que trabajaban agricultores arrendatarios.

La riqueza del café se convirtió en una fuente de poder político. En 1940 los niños aprendían a leer con un texto que decía: “El café es bueno para mí. Bebo café cada mañana”. Actualmente se calcula que en CR hay 130.000 fincas cafeteras.

Entre cafetales y curvas de montaña ascendíamos. Hacia abajo unas preciosas vistas del valle. Llegamos al Parque Nacional Volcán Poas. La mañana está bastante nublada, casi chispeaba a ratos, en la entrada del parque nos comentan que está difícil ver el cráter debido a la gran cantidad de nubes, aún así nos decidimos a entrar y acertamos!! porque el cráter nos recibió visible, envuelto entre nubes que iban y venían …pero perfectamente visible y espectacular.

El atractivo principal es el volcán basáltico (2704m) cuya última erupción fue en 1953. En esa ocasión se formó el impresionante cráter de 1.3 Km. de ancho y 300m de profundidad. En mayo de 1989 se tuvo que cerrar el parque por unos días debido a una pequeña erupción que lanzó cenizas a más de un kilómetro. Desde 1989 ha incrementado notablemente la emisión de gases, ocasionando fenómenos de lluvia ácida que han dañado la flora en algunos sectores del parque y plantaciones agrícolas aledañas al área. En 1995, una actividad de menor intensidad hizo que se cerrara intermitentemente. Sigue más o menos activo y con riesgo variable. No obstante, en los últimos años el Poas no ha supuesto un riesgo inminente, aunque los científicos están preocupados, ya que el descenso en el nivel del agua del lago supone una señal de aviso importante ante una erupción inminente.

Mientras tanto la amenaza más frecuente para los visitantes son las nubes que envuelve la montaña casi a diario, incluso en la estación seca. Pero teniendo un poco de paciencia los vientos mueven el velo de nubes y el impresionante cráter se asoma y se deja admirar. Realmente increíble las vistas de la caldera humeante de agua lechosa adornada en sus bordes por algunas fumarolas de azufre de un bonito color amarillo. Alrededor la mezcla de gases y vapor de agua, cenizas, los domos, escorias, rojos férricos…

En el parque se pueden hacer un par de trails. Uno de ellos se adentra por el bosque nuboso enano, producto del aire ácido y de las temperaturas bajo cero. Este sendero termina en la laguna Botos, un lago de agua fría de origen netamente pluvial que ha ocupado el lugar de uno de los cráteres extintos.
Tras asomarnos varias veces al cráter principal y dejarnos hipnotizar, y tras hacer el itinerario nos ponemos en marcha bajando nuevamente hacia el valle central.

Despacio, disfrutando de la tranquila y bonita carretera, del mucho verde, del agua… y a ratos de las nubes que envolvían los árboles en un abrazo de fina niebla. Nos dirigimos a la zona de las cataratas del río de la Paz.

Cerca de allí buscamos un lugar para comer y acabamos en uno sencillo y variopinto. Un restaurante en la carretera de Varablanca cuyas paredes estaban cubiertas de miles de tarjetas de visita de miles de clientes que desde 1987 han pasado por allí,… Además de las tarjetas también hay algunas carátulas de antiguos vinilos y en las mesas miles de servilletas de papel con mensajes de personas que comieron allí,… mil y un comentarios, opiniones, saludos… idiomas… Comimos y lo mejor del menú fue el postre de ricas fresas marinadas en vino y con un poco de leche condensada.

Nos ponemos en marcha rumbo a Alajuela donde estableceríamos la última base logística antes del regreso. Llegamos nuevamente al hotel 1915, el mismo en el que nos alojamos la primera noche. Tras dejar el equipaje, decidimos que podíamos devolver el coche esa misma tarde en lugar de al día siguiente. Hacemos sin problemas los trámites de devolución del vehículo en las proximidades del aeropuerto. En taxi regresamos al hotel, una ducha, la cena y a descansar.

DÍA 17: ALAJUELA – SAN JOSÉ

Amanece azul en Alajuela. Día festivo 1 de mayo. Tras el rico desayuno del 1915 temprano nos vamos a recorrer sus calles céntricas, quizás demasiado temprano y además ser festivo la ciudad aún duerme.
Alajuela es conocida como la segunda ciudad de CR. El sombreado parque central cubierto de mangos, a su lado la catedral encalada con una llamativa cúpula esférica que construida con láminas de metal rojo ondulado,… algunas casas coloniales, un par de iglesias…

La ciudad de los mangos comenzaba a desperezarse, paseamos, tomamos el sol, la sombra y decidimos tomar un bus para acercarnos a San José, a Chepe como la llaman los josefinos.
Nos bajamos en el centro. Nos recibe la capital en el día del trabajo. Hay manifestaciones mezcladas con ambiente festivo inundando y recorriendo la avenida Colón.
La música se alternaba con discursos políticos principalmente centrados en el TLC, un Tratado de Libre Comercio propuesto por USA y que a CR no conviene ni convence… Aprovechaban los manifestantes para solicitar el NO al TLC en el próximo referéndum. CR es el único de los seis signatarios que no ha ratificado el acuerdo.

Entre la música, los josefinos, los carritos vendiendo eskimos (helados), o granizadas de sirope, las majorettes, los observadores pasivos, algunos turistas como nosotros, cierta vigilancia policial pero un ambiente tranquilo y festivo,… recorremos la avenida hasta el teatro nacional, volvemos hasta la zona del mercado de abasto y de ahí nuevamente al bus que nos llevaría de regreso a Alajuela.

Por la tarde las nubes, los rayos y la lluvia tropical vuelven al valle central. Aprovechamos cuando escampa para hacer alguna compra de última hora, un último paseo, una última cena y a descansar que mañana a primera hora sale nuestro vuelo.

DÍA 18: REGRESO. FIN

A eso de las 6:00 de la mañana nos ponemos en marcha, sobre las 8:00 sale nuestro vuelo. Facturamos obligatoriamente hasta final de destino… con el presentimiento cumplido de que el equipaje se perdería jejeje… por suerte apareció. Partimos sin retrasos.

El viaje de regreso también hizo escala en NY… lo cual se traduce de nuevo en unas 24 horas de viaje… que dan tiempo suficiente para recrearse y saborear todo lo vivido, visto, oído y olido en este precioso país… Conquistados, nos despedimos mentalmente de la PURA VIDA.


2 respuestas a “PASEANDO POR MANUEL ANTONIO (Costa Rica)

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