PASEANDO POR EL DESIERTO DEL NAMIB (Namibia)

Swakopmund amanece soleado y despejado, tras el rico desayuno, organizar equipaje, despedirnos de nuestros amables anfitriones y del especial lugar, nos ponemos en marcha. El Parque Namib Naukluft nos espera. Por el camino hacemos alguna paradita para cotillear la costa, llenar el depósito en Walvis… y continuamos rumbo al sur.

Dejamos atrás la visitable duna 7 la más grande del país y también una scenic drive donde es posible ver una planta milenaria viviente, la Welwitschia mirabilis, una especie de curiosa cebolla adaptada a la vida en el desierto que puede vivir hasta, atención, dos mil años. Para los interesados parece ser que los ejemplares más grandes se encuentran en el Welwitschia Fläche, en una llanura desértica, 25-50 km al este de Swakopmund. Dejo aquí este enlace con más info de la ruta y algunas curiosidades botánicas Welwitschia scenic drive

Nosotros, sin prisas, abandonamos el asfalto y enfilamos una correcta pista la C14, 265 km que nos llevaría hasta nuestra siguiente base en Solitaire. Cuando se prepara esta etapa, tenemos la opción de llegar del tirón desde Swakop hasta el destino final Sesriem, que son 350 km, o se puede usar Solitaire como parada intermedia del trayecto.

Por el camino subimos a una duna fósil con vistas al absoluto desierto,… paramos a observar los bonitos quiver trees, es una curiosa especie autóctona de aloe con porte arbóreo que salpican el país. Son tres las especies, se encuentran amenazadas y al parecer para visitar uno de los pocos ejemplos de bosques espontáneos hay que ir al Quiver Tree Forest a unos 13-14 km al norte de Keetmanshoop (en la carretera de Koës , en la farm Gariganus) o en Gannabos ya en Sudáfrica. Su corteza es muy curiosa y al parecer sus ramas eran usadas como carcaj por los bosquimanos, se le conoce también como el ‘árbol de la aljaba’. Son árboles sagrados llenos de leyendas, se dice que traerá buena suerte a cualquiera que adore un árbol y lo cuide. También dicen que si desentierras uno de estos árboles obtendrás diamantes para toda tu vida… pero como estos árboles son sagrados nadie quiere desenterrarlos. Dejo por aquí más info del Quiver tree forest ,declarado Monumento Nacional en 1995, por si a alguien tiene tiempo y le apetece explorar la zona.

Retomamos la marcha, disfrutamos de la geología y buscamos fauna en la aparente nada. Encontramos vida en forma de cebras de montaña, coyotes, avestruces, caballos, rapaces… algún orix en la ridícula sombra de un ridículo poste…, la temperatura aumenta y la humedad del mar hace mucho que desapareció…ahora hay acuosos espejismos…

El ser humano es así… y un viejo cartel algo oxidado en mitad de la nada indicando el paso de una línea imaginaria llamada Trópico de Capricornio se convierte en una buena excusa para estirar las piernas y hacer una fugaz parada 😉 bajo un sol abrasador.

Nos mola mucho la geología del camino, atravesamos las montañas de Naukluft, un pequeño cañón, piedras de colores, unas novedosas curvas, de nuevo la infinita recta polvorienta, un picnic con vistas y llegamos a Solitaire. Una pequeña área de descanso clavada en el tiempo, incrustada en el desierto. Un lodge, una gasolinera, aseos, un bar, una curiosa tienda,…

Hay una curiosa pastelería de alma germana, Moose Mc Gregor Desert Bakery, donde encontrar el que debe ser el pie de manzana mas famoso de Namibia y otros dulces muy apetecibles, …tropezarás con divertidas ardillas de tierra,…y un raruno, viejuno y fotogénico parque móvil. Cuando preparaba el viaje, leí que Solitaire se había hecho muy conocido en los Países Bajos debido a un libro. Su autor, el  holandés Ton van der Lee, relata su permanencia durante tres años en este curioso, solitario y extremo lugar de paso.

No hay mucho más… pero Solitaire es una buena parada para reponer energías, líquidos, combustible, cotillear los viejos coches… estirar las piernas, ir al baño, …buscar ardillas y continuar el camino. La famosa bakery nosotros la encontramos recién cerrada, por suerte una empleada me señaló la tienda de al lado y pudimos probar la rica tarta de manzana …estaba muy buena 😉 A este curioso lugar llamado Soledad, al famoso dueño de la panadería, a mis experimentos con el ‘apple pie’… les dediqué este posts.

Tras la parada continuamos un ratito más, apenas a 20 km estaba nuestra base, el Soft Solitaire Camp, reservado y pagado desde casa a través de Booking. Cuando llegamos nos dieron la sorpresa de un up-grade, pasamos de una tienda de campaña/safari tent sobre una base de hormigón, a una amplia habitación con porche y panorámicas vistas en el Namib Naukluft lodge.

Contentos con el cambio, disfrutamos de las vistas al desierto, de una divertida colonia de ardillas de tierra hiperactivas, del bonito atardecer… y allí cenamos bajo un cielo pletórico de estrellas despidiendo el día.

Nos levantamos muy temprano pues la idea era recorrer pronto los 140 km que nos separaban de Sossusvlei, donde uno de los mayores parques de dunas del mundo nos esperaba. Los horarios de apertura y cierre de puertas varían según fechas/temporadas, en noviembre abrían a las 6:30 y cerraban a las 17:30.

Para aprovechar mejor los tiempos y desplazamientos existe la opción de dormir dentro del Parque. Dentro la oferta era poca y algo cara, al menos cuando miramos nosotros, pero se tiene la ventaja de que para los que duermen dentro del Parque se puede acceder una hora antes y salir una hora después, lo que significa que se puede disfrutar del amanecer y atardecer desde las dunas del interior del Parque.

Nosotros que habíamos dormido fuera del Parque disfrutamos del amanecer por el camino, …y de los orix…de los coyotes, avestruces….y de las siluetas dunares que comenzaban a aparecer. La pista se asfalta, llegamos a una primera caseta donde registran la hora de entrada, datos del coche y nombre del conductor. Se pagará a la salida en la recepción de un lodge próximo, frente a la caseta de acceso al Parque. El Pase/ticket es válido para 24h, el precio fue 80$N por persona y 10$N por coche.

Entramos en el corazón del Parque Namib – Naukluft, el mayor parque de África y el cuarto del mundo. Es el desierto mas antiguo de la Tierra, es el único costero y está considerado Patrimonio de la Humanidad…Nosotros nos dirigimos a su área más conocida, el salar de Sossusvlei que significa algo así como “lago sin salida”.

Pasamos junto a la enorme y famosa duna 45, llamada así por encontrarse en el km ídem. En su parking varios megacamiones cargados de turistas, muchos coches, mogollón de personas somnolientas subiendo y bajando la duna… nosotros continuamos, nuestro objetivo era visitar Deadvlei antes de que hiciera calor y llegaran demasiados turistas.

Deadvlei es un antiguo y seco lago salado, rodeado de megadunas color cobre y decorado con artísticos cadáveres de árboles… un curioso rincón, muy especial y muy fotogénico. Para acceder a él se llega con tu vehículo hasta un parking y a partir de ahí hay una pista de arena de apenas 4 km y dos opciones, a) si se posee un 4×4, y se quiere, puedes continuar por la pista de arena. Si te decides por la aventurita y quedas atascado en la arena no tendrás muchos problemas pues te echarán una mano los del servicio de transfer o algún coche que pase por allí.
b) si no se dispone de un 4×4, o sí pero no quieres o no te apetece aventurita…se puede recurrir a unos servicios tipo transfer/shuttle que en unos 5-10 minutos y por 150$N (por persona, ida y vuelta, precio 2016) te dejarán en la entrada del campo de dunas que lleva a Deadvlei. Desde allí solo habrá que caminar un poco siguiendo las muchas huellas humanas en la arena y en unos cinco-diez minutos se alcanza el corazón salado del lago.

Nosotros dejamos nuestro SUV en el parking, y al no ser 4×4 usamos el servicio de transfer/shuttle. El trayecto es breve y entre las risas, se escucha la típica broma del guía gritando “african massage african massage” mientras todos nos zarandeamos un poco. Nada grave.

Comenzamos a caminar, pese a ser temprano, ya hacía algo de calor…y encontramos un reguero de turistas que iban o volvían del lugar… Recuerdo que me sentí un poco ‘plof’ al encontrar aquello un poco feria para mi gusto… pero rápidamente me puse en modo positiva pensando que en breve volverían al bus y desaparecerían…

Big Daddy es la mas alta de las megadunas que abraza al lago muerto y salado, nuestra intención era subirla entera o en parte…pero charlando allí mismo con un guía local nos lo desaconsejó pues ya hacía demasiado calor para la hora que era, el día prometía… y no había que subestimar el ascenso pues puede llevar unos 40-45 minutos subir sus 325 m por la incómoda arena, hicimos caso al guía y nos quedamos a sus pies… con tanta gente tampoco nos apetecía.

En modo positiva me dirigí al seco lago, me puse en ‘modo orix On’ sentada en la ridícula, pero rica, sombra de un árbol muerto…y mientras maridín ya se volvía loco con la cámara, yo esperé a que el reloj se llevara a los muchos turistas para disfrutar del lugar. Por suerte no tardaron demasiado 😉 y entonces ¡sí! vi Deadvlei, y disfruté de la extrema soledad del lago muerto…de las incomparables vistas… de su extraño silencio.

La radiante pan, de blanca sales y de impermeables arcillas, se formó cuando el río Tsauchab inundaba la zona creando lagos temporales poco profundos y donde la abundancia de agua permitía que las acacias crecieran. Cuando el clima cambió, la sequía golpeó el lugar, y las dunas de arena invadieron la pan bloqueando el río.

Sin río…la falta de agua hizo que los árboles murieran y el abrasador sol de siglos los quemó y convirtió en esqueletos carbonizados. Se cree que murieron hace 600-700 años…allá por 1300 o 1400…y como botánicos fantasmas, sus espíritus llenan todo el vlei, todo el seco lago.

Hoy las duras acacias y algunas especies se adaptan y sobreviven gracias a las atlánticas nieblas matutinas y a las muy esporádicas lluvias.

Recorremos toda la pan, cotilleamos las caprichosas formas de los árboles, disfrutamos de los intensos contrastes del blanco, negro, azul y naranjas, saludamos a “Big Mamma” otra de las megadunas que abrazan al lago que un día fue oasis… y hoy es un curioso bio-cementerio…

A esas horas ya sabíamos que el intenso calor del día nos limitaría para explorar mas dunas y lugares, así que decidimos relajarnos en la soledad de la pan, disfrutar sin prisas de la fotografía… de una Coca-cola aún fresquita… del tacto y diferentes temperaturas de la arena fina, de las inolvidables vistas tipo Windows literalmente 😉 …y de las sensaciones mágicas, fantasmagóricas y extremas que regala el lugar…

Allí perdimos la noción del tiempo, el calor apretaba, sin prisas deshicimos el corto camino de 10 minutos que nos devuelve a las sombras de unas acacias. Cerca de un tranquilo orix esperamos, apenas nada, a que llegara el transfer. Ya se alcanzaban los 42º fuera de la pan, y esto me recuerda que cuidéis el calzado… allí charlamos con una francesa en chanclas, que con la arena fresca de la mañana caminaba bien,… pero a la vuelta con la arena caliente… se le frieron literalmente los pies llenándoseles de instantáneas y radiantes ampollas.

De nuevo en nuestro coche pensamos en acercarnos a Sossusvlei, a Hiddenvlei, o a Elim Dune… pero el calor sofocante nos desanimó y retrocedemos por la carretera asfaltada hasta la ahora solitaria Duna 45. Obviamente con el calor que ya hacía ni nos planteamos subir arriba, nos quedamos a la sombra en su base, disfrutando de las preciosas vistas y de la compañía de un orix.

Leí que las dunas más rojas/rojizas son las más antiguas, las más viejas, simplemente porque ha pasado mas tiempo oxidándose el hierro que contienen. También leí que las dunas del Parque son de las más altas del mundo, al parecer la más alta de Namibia es la Duna 7, cerca de Walvis, con unos 388m.

Aquel sinuoso mar de arena con olas de 200-300m, el intenso calor, el silencio, los espejismos,… los naranjas y rojos, las siluetas de las dunas, los simétricos ripples, las huellas de la vida,… el viento que comienza a despeinar las crestas,…la soledad… ¡estábamos en el desierto!!…y sin duda es un lugar tan extremo como especial.

La vegetación se adapta, contribuyen a estabilizar las dunas, alimentan a la fauna, refugian… A ras del suelo solo se intuyen los llamados círculos de las hadas, unas curiosas formaciones anulares en las que la vegetación no crece formándose unas desnudas calvas. Sin duda su mejor vista es desde el aire. Su origen lleva décadas intrigando a los científicos, unos lo relacionan con plantas venenosas, otros con filtraciones naturales de gas o con la acción de las termitas, y algunos los consideran patrones de organización de las propias plantas en su competencia por el agua…

Era la hora más calorífuga del medio día y era imposible hacer cualquier cosa, una infernal flama densa nos rodeaba, así que pagamos la entrada del Parque, y nos acercarnos a informarnos de los vuelos escénicos en avioneta antes de hacer el check in en nuestro alojamiento.

Desde casa habíamos contactado con uno de los alojamientos tipo lodges que organizan vuelos escénicos sobre el desierto, los precios que miramos eran caros pero asequibles si se conseguía compartir/llenar una avioneta entre cuatro. Pero cuando llegamos allí nos encontramos que los precios habían subido al cambiar la temporada y ahora no nos resultaban tan atractivos, eran desde 1600$N por persona para cinco pasajeros, cuarenta minutos, y 4000$N para dos personas… , y además el horario disponible que nos ofrecían tampoco nos convencía pues no era hora de luz fotogénica. Quizás a otra hora nos lo hubiéramos re-pensado.

Son varias las empresas y alojamientos que en la zona de Sesriem organizan vuelos escénicos en avioneta, helicóptero o en globo (más caro y solo en horario de amanecer). Y no solo sobre el desierto, también se puede sobrevolar cañones como el de Fish Canyon, o la espectacular costa…Os dejo por aquí un primer enlace del que tirar, es del lodge con el que nosotros contactamos Sossusvlei lodge

Nosotros con algo de pena desechamos la idea del vuelo y decidimos refugiarnos del muchísimo calor haciendo el check in en nuestro alojamiento, el Desert Quiver Camp. Lo reservamos a través de Booking. Desde casa me pareció una sencilla, y algo cara, tienda de campaña tipo safari tent, aunque reconozco que allí me sorprendió para bien al ser una mezcla de tienda-construcción y encontrarse recién reformada. Su ventilador, aire acondicionado, el picnic, la piscina, las vistas panorámicas y el bar… poco a poco nos fueron devolviendo a la vida…que calorrrr!

Avanzaba el día y seguía haciendo mucho calor, la temperatura no bajaba de 45ºC, aquella flama densa del infierno no disminuía…y por la tarde, tan solo nos dio tiempo a asomarnos al pequeño cañón de Sesriem…un breve paseo entre las paredes del seco cañón que quizás saben a poco.

Vimos el, aún caluroso, atardecer desde el campamento y cenamos en el restaurante del alojamiento que no se encuentra en el camp, si no fuera, en el Sossusvlei lodge. Se sirve en una terraza exterior, tipo buffet para guiris, con variadas carnes de game, avestruz, impala,… y diría que es recomendable sobre todo para los que disfrutan de las grandes cantidades. Para nosotros no, sin duda era demasiada comida para una cena. Hicimos la digestión despidiéndonos de las infinitas estrellas… era nuestra última noche en el desierto del Namib.

Por la mañana nos levantamos tempranito, hicimos el check out y decidimos acercarnos a despedirnos de las dunas con las fotogénicas luces y sombras del amanecer. De nuevo registran nuestros datos en la entrada del Parque y accedemos todos en fila india. Nosotros nos decidimos por la tranquila Duna 40, prima hermana de la concurrida 45 a la que se dirigían todos los coches. Pensábamos subirla pero nos entraron dudas pues el acceso desde el parking a la duna estaba cortado por obras…no había nadie, nos acercamos hasta la base pero no nos atrevimos a subir pues con tanto cartel no teníamos claro si estábamos cometiendo o no algún delito, infracción…

La luz lo cambia todo, las suaves dunas color óxido de hierro se contonean sinuosas a nuestro paso jugando con las sombras, la viajera arena es transportada hasta allí por el río Orange y por el viento… Realmente un lugar especial, surreal y fue una pena no haber podido explorar un poquito más debido a la falta de tiempo pero sobre todo a la sobra de calor…mucho calor. Ayer se alcanzaron los 45º C pero la sensación térmica debido a la infernal flama…era aún mayor, un calor pesado, muy denso, extra seco, diferente… Y hoy era nuestra última mañana en el inmenso Namib entre inolvidables dunas, orix, coyotes, zorros, avestruces, springboks… la primera parte del viaje llegaba casi a su fin.

Aprovechamos parte de la fresca mañana para despedirnos de aquel paisaje fascinante y surreal, a la salida volvimos a pagar nuestra entrada y sin prisas fuimos regresando a Windhoek. No queríamos llegar muy tarde, a las 17h teníamos que devolver el coche en el aeropuerto. De nuevo una parada fugaz en Solitaire para tomar fuerzas para el camino, y avanzamos hacia la capital. Por la D1275 nos acompañan vacas, flores, cebras, monos, …algunas farms… y atravesamos el paso de montaña Spreetshoogte…algo empinado y por suerte adoquinado. Finalmente enlazaríamos con la C24 que termina en Rehoboth.

Llegamos a la capital. Desde Sesriem han sido 330 km, unas 4h, los últimos 93km por asfalto. Atravesamos pocas y pequeñas poblaciones…y con la ayuda del GPS llegamos de nuevo al Trans Kalahari Inn, el hotel cercano al aeropuerto que usamos en nuestra llegada y que llevábamos reservado y medio pagado con Booking. Solicitamos el servicio de transfer al aeropuerto, limpiamos el coche, lo devolvemos sin incidencias, cenamos rico en el restaurante del alojamiento, … y decimos adiós a las muchísimas estrellas… Tocaba preparar el equipaje para el vuelo de mañana, el Namibviaje llegaba a su fin,…

El balance era muy positivo; ningún imprevisto feo, ningún pinchazo, sorpresas muy agradables, paisajes inolvidables, muchas emociones,…geología extrema, vida extrema, la aparente nada, el mar, la mucha soledad, la amplitud, la libertad…

Un enorme país perfecto para amantes de los bichos-fauna, de la fotografía, para aquellos con un punto sociópata, para los enamorados de la geología salvaje, para los interesados en la antropología, para disfrutar de la conducción, para recorrer a tu aire, para descubrir ecosistemas nuevos y diferentes,… para descubrir sus tesoros…

Estábamos tristes por el fin… aunque contentos porque al menos el viaje continuaba… Mañana volaríamos a Johannesburgo y de allí a Skukuza, el corazón de nuestro querido Parque Nacional Kruger (Sudáfrica) donde pasaríamos una semana bicheando a cascoporro… Pero esa es otra wild historia que debe ser contada en otro momento 😉 aquí tienes más info.


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