PASEANDO POR LISBOA

Sabemos que tres días mal contados pueden ser pocos para dedicar a una ciudad como Lisboa, pero nuestra intención era pasar allí el fin de año y tener un primer contacto con la histórica capital.

Por el camino habíamos aprovechado para visitar la interesante Mérida, y desde allí, sin prisas, sin complicaciones en los peajes y en unas horas, ya estábamos en la entrada de la capital de Portugal. Para pagar en las autopistas lusas nunca usar los carriles señalizados en verde pues son solo para residentes-locales.

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Lisboa nos recibe con la mejor de sus luces y algo de matutino tráfico denso. Ya allí tuve mi primer “dejavú luminoso” 🙂 la luz lisboeta me tele transportó a Cádiz. Esa luz blanca azulada, profundamente atlántica, radiante…especial.

Nosotros sin prisas aprovechamos los semáforos en rojo para disfrutar de esa familiar luz y recrearnos con las entretenidas, cotidianas y coloridas fachadas. Nos acordamos del cambio de meridiano y retrocedemos una hora en el tiempo.

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Sabíamos que aún no podríamos hacer el check in en el hotel, así que con nuestro coche y con la ayuda del GPS, nos acercamos al distrito de Belém. Aparcamos con algo de suerte y nos dimos un primer paseo por la zona. Todo queda cerquita y comenzamos acercándonos a la orilla del Tajo para ver el Monumento de los Descubrimientos.

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Nuestra guía del País Aguilar del año catapúmchimpúm 🙂 nos dice que su frontón triangular y saliente representa la proa de una nave, mientras que el trío de formas curvas de la parte superior simbolizan las velas al viento. Sobresale una torre de 52m a la que es posible subir, en ascensor, y escaleras para admirar las vistas panorámicas y el mosaico de un mapamundi sobre el suelo donde se representan los viajes de los descubridores.

Cierra los lunes. El horario de octubre a febrero es de 10-18h, de marzo a septiembre de 10-19h. El precio  6€, hay descuentos para niños, estudiantes, jubilados, y 20% para los poseedores de la tarjeta Lisboa card.

Monumento a los descubridores o descubrimientos Lisboa
33 personalidades relacionadas con los descubrimientos miran al Tajo, al horizonte,… al más allá de los mares.

Fue muy arriesgado levantar un enorme monumento tan moderno en una zona tan histórica como Belém, también fue polémico por su diseño fascista e intenciones nacionalistas. Se levantó en 1960 durante la dictadura de Salazar para conmemorar el quinto centenario de la muerte de Enrique el Navegante. Y bien mirado el mega monumento me pareció que tenía un punto muy soviet, quizás por las enormes dimensiones, el frío granito,… las severas líneas rectas…

detalle monumento de los descubridores lisboa

Como era lunes sabíamos que también la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos estarían cerrados y que nos dedicaríamos a disfrutar de los bonitos y monumentales alrededores. La buena temperatura, las vistas panorámicas, el mucho verde, la histórica orilla… unos pasean, otros corren,…alguien pinta usando la Torre como modelo…

Pintores en Lisboa, arte en Portugal

Otros comienzan la jornada en su chiringuito itinerante. Mola hacer versátil un medio de transporte. En estos pequeños tuk tuk te puedes tomar desde una copa de rico vino luso, a un zumo de naranja recién exprimida o un helado….

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La vida pasa tranquila…

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Casi sin darnos cuenta llegamos a la cercana Torre de Belém. La guía nos dice que este Patrimonio de la Humanidad está dedicado a todas las proezas marítimas portuguesas. Al parecer en sus buenos tiempos era un bastión que defendía el puerto del ataque de los piratas y estaba junto al puerto de salida de los grandes descubridores. En la actualidad el cambiante curso del río Tajo la ha dejado totalmente varada en su orilla.

Torre de Belen Lisboa Portugal

Desde esta histórica orilla se partía a descubrir el mundo… y nosotros cotilleamos el exterior de la Torre… todos sus ángulos, sus perfiles, materiales,… sus reflejos…

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Avanzamos un rato más por la orilla disfrutando de las vistas al puente del 25 de abril y al Cristo Rey, y echamos un vistazo al exterior del cerrado Monasterio. Al día siguiente, martes, ya estaría abierto y volveríamos para visitar su interior.

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Paseamos por los jardines y su fuente,… y un poco más adelante nos encontrarnos con la famosa Pastelería de Belém. No pudimos resistirnos y entramos. No solo molan sus afamados pastelitos de Belén, también mola mucho el interior de la emblemática pastelería-cafetería. Allí nos comimos unos ricos y tipiquísimos pastelitos de nata, que aunque se llaman de nata realmente son de crema. Se comen tibios y con canela espolvoreada, pero fríos también están muy buenos.

Para evitar la supercola que suele haber para comprar, un pequeño truco es tomar algunos allí y pedirle al camarero una cajita con unos cuantos para llevar. Aguantan varios días y son un regalo/souvenir perfectperfect.

Pueden encontrarse en muchos lugares de Portugal, incluso hoy día los venden incluso en la cadena de supermercados española “Mercamona”… pero aquí junto al monasterio nacieron y es donde guardan como un tesoro la receta original.

Pasteis de Belen Lisboa Portugal

Nos ponemos en marcha. A nuestros pies los típicos adoquines ordenados en mosaicos nos recuerdan nuestro primer viaje al Algarve. Sobre nuestras cabezas fachadas de cerámicas y colores.

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Sin prisas regresamos al coche. Con la ayuda del GPS, encontramos con facilidad el hotel NH Lisboa Campo Grande. Lo reservamos a través de Booking y lo elegimos sobre todo por tener parking y parada de metro muy cerquita. Todo ok. Tras el check in, ubicarnos y dejar las maletas, caminamos hasta la cercana estación de metro Entre Campos. En una máquina expendedora compramos un par de tarjetas de transporte 7 colinas y nos dirigimos hacia el corazón de Lisboa. La tarjeta sirve para el metro, tranvía y elevadores. 

Cuatro kilómetros nos separan del centro, en el trayecto prestamos atención a las diferentes decoraciones de las estaciones de metro, algunas son curiosas… y en pocas paradas, llegamos al centro neurálgico de la ciudad, a la plaza Rossio o plaza Don Pedro IV.

La enorme plaza no es la más bonita del mundo mundial, mucho tráfico y poco verde. La guía nos dice de ella que es la plaza principal y que tiene un pasado macabro al ser donde quemaban a las víctimas de la Inquisición. Nosotros caminamos dejándonos llevar a ratos por el instinto y a ratos por la guía de bolsillo. Pasamos por la bonita fachada de la estación de Rossio y nos adentramos en el Barrio Alto.

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Está claro que las colinas siempre han sido lugares estratégicos donde asentarse y tener una buena vista panorámica de la posible llegada de enemigos. Así que toda ciudad histórica que se precie parece ser que debía estar asentada en una colina… o desparramada en cinco, seis o siete. Ocurre en Roma, San Francisco,… y en Lisboa… ¡qué decir de las cuestas lisboetas que no se haya dicho ya 😉 Pero que no cunda el pánico que siempre está el melancólico tranvía o los modernos tuk tuk, los elevadores, estratégicas escaleras mecánicas de metro y los taxis… Recuerda llevar calzado cómodo. 

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Nosotros comenzamos calentando las piernas subiendo sin prisas a uno de los cinco barrios con más personalidad de la ciudad. En el Barrio Alto modernas tiendas, multinacionales, grandes almacenes, pequeños comercios,… se esconden detrás de preciosas fachadas restauradas…

Pronto aparece el barroco elevador de Santa Justa. Era 2014 y aunque su fachada estaba en obras, la larga cola para subir nos dice que se encuentra operativo. El ascensor es una práctica forma de conectar ambos barrios evitando subir cuestas y disfrutando de vistas panorámicas. La guía nos dice que fue construido en 1902 y que es atribuido erróneamente a Gustav Eiffel cuando es obra de su discípulo Raul Mésnier. La larga cola, las mallas que quitan encanto a las vistas y nuestras frescas piernas recién llegadas…decidieron no usar el elevador y subir paseando.

Lisboa en un día gris

Sobre el distrito, Baixa – Chiado, la guía nos dice que se trata de una calle principal muy animada por comercios, bares, cafeterías y restaurantes rodeada de un entramado de calles muy compacto que no se prestan a sugerir itinerarios fijos. O sea, ¿perfectas para perderse por ellas?… pues nos perdemos por ellas 😉 divagamos por las muchas cuestas, nos dejamos llevar, atravesamos estrechas calles que nos tele- transportan según la guía al siglo XVI. Encontramos delicadas vinotecas, curiosas galerías de arte, escuelas de moda… bonitos escaparates…librerías con encanto…

escaparates librerías Portugal

Por las callejuelas perpendiculares encontramos atractivos restaurantes del siglo XXI preparándose para la jornada. Nos recordaron la importancia gastronómica del país, auténtico paraíso para los amantes de la gastronomía. En la ciudad encontrarás desde restaurantes con flamantes estrellas Michelín, a pequeñas casas, tabernas, bares… con excelente comida casera y toda la solera del mundo.

No teníamos ningún plan para cenar la noche de fin de año. Pensamos en reservar en algunos de ellos, pero descartamos la idea por pura pereza y decidimos que ya improvisaríamos. Preferimos continuar callejeando por el laberíntico barrio.

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Llegamos al mirador de Santa Lucía y perdemos la vista en los brillos del Tajo y en un mar de tejas y antenas.

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El nombre de Chiado nos dice la guía que proviene del apodo del poeta Antonio Ribeiro conocido como el Chillón, o sea O chiado. También nos cuenta que en 1988 el barrio sufrió un terrible incendio que destruyó cuatro manzanas destrozando numerosos comercios y edificios. Y que aunque el tradicional fado se asocia con el barrio de Alfama, también aquí es posible encontrar buenos lugares donde escucharlo.

tranvia lisboeta invierno soleado

Recorremos callejuelas y de nuevo aparecemos en una de las arterias principales con su mucho ambiente navideño por todas partes, muchos turistas, muchos lisboetas, música en casi todas las esquinas, clásicas compras de última hora, muchas prisas… todo ello mezclado con el casi continuo tintineo melancólico de los viejos tranvías… Nos subimos a uno para escapar un poco de la mucha Navidad…

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Tras el paseo, subimos la suave cuesta que lleva hasta la catedral de Sé. En la subida vimos algunos restaurantes locales, sencillos, con buena pinta y tomamos nota mental. Retomamos la subida cruzándonos con algunos originales tuk tuk. En algunas zonas de la ciudad se encuentran muy integrados en el tráfico lisboeta y facilitan la vida al turista. No usamos ninguno, pero fotografiamos unos cuantos.

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En una curva, frente a nosotros la catedral reluce y enmarca a la Luna. Nos dice la guía que al parecer está construida sobre los restos de una mezquita. Todo un clásico. Y nos cuenta que su estructura fortificada es románica y muy característica de los tiempos convulsos en los que se construyó allá por el siglo XII. Las achaparradas y robustas torres gemelas han sobrevivido a los terremotos de 1344 y 1755 y han tenido que ser restauradas varias veces.

catedral sé Lisboa

Para aprovechar las últimas luces de la tarde seguimos subiendo la cuesta para asomarnos al mirador de la Puerta del sol oro. Allí nos sentamos a disfrutar de las vistas panorámicas a otro bonito mar de cúpulas, torres, tejas y antenas, …de los tibios colores y de los últimos brillos en el Tajo…

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Según la guía estamos a la misma latitud que San Francisco, Ibiza, Washington, Sicilia y Seúl… y yo sigo recordando las luces gaditanas. A las luces de mi atlántica provincia.

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Vimos la vida pasar, cotilleamos los alrededores del mirador y a la bajada entramos en la catedral. La visita es gratis, para ver el claustro y el tesoro hay que pagar 2,5€. Cuando salimos encontramos encendidas las luces de la Navidad. Miles de modernos leds transforman las estrechas y viejas calles en túneles de luz por la que deambulamos.

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El callejeo continuó un poco más, y no tardamos mucho en buscar un lugar para cenar. Elegimos uno de los restaurantes que habíamos visto, Río Coura. Pequeño y sencillo. Nos gustó mucho. Cocina casera y local, pescados y mariscos muy frescos,…mil formas de preparar el típico bacalao… Todo muy rico, y barato… al menos en el 2014.

tranvia en lisboa

Tras la cena caminamos para tomar el tranvía 28. Es uno de los más usado por los turistas ya que recorre una buena parte de la ciudad, desde la iglesia de San Vicente, hasta el jardín de la Estrella, cruzando la Baixa. La iluminación macilenta de la ciudad le dan mucho punto al recorrido. Mola. Un paseo muy recomendable.

Cuando regresamos al punto de partida probamos el licor de guindas en una diminuta tasca que con mucha solera donde solo se sirve este tradicional aguardiente lisboeta. Lo compras en el minúsculo mostrador/barra y te lo tomas de pie en la concurrida puerta en una pequeña plaza, es un poco turistada pero también lo hacen algunos locales y sirve para catar el licor 😉 . Se llama Ginjinha Espinheira o A Ginjinha, está situada en el Largo de Sao Domingos, justo al noreste de la plaza de Rossio.
Dando el último paseo del día caminamos sin prisas hasta una boca de metro en la plaza Marques de Pombal para regresar a nuestro hotel.

DÍA 3:

Comenzamos la mañana recorriendo con otra luz y biorritmo el barrio de Chiado. Ahora un ambiente matutino, dormilón, sosegado, …mucho más tranquilo…Lisboa se despierta.

Nosotros callejeamos, y nos volvemos a encontrar con él. Imposible no topar en algún momento con la estatua del poeta Fernando Pessoa sentado en la terraza de una de las cafeterías mas famosa y encantadora de la ciudad, A brasileira. Ayer apenas lo veíamos… estaba rodeado de turistas armados de móviles, el hombre en bronce posaba paciente para los miles de selfies… hoy aún estaba solo.

Fernando Pessoa Lisboa

Caminamos y nos quedamos a las puertas del convento do Carmo prácticamente destruido por el terremoto. Parte de la gótica iglesia conventual se encuentra desnuda al cielo. Desde fuera desde distintos puntos pudimos ver los altos arbotantes apuntando a las nubes. En su interior alberga un museo arqueológico que la guía clasifica de atractivo por ser algo excéntrica, heterogénea y variopinta la colección que muestra. Los museos requieren tiempo y no tenemos mucho en esta breve escapada… pero me arrepentí de no entrar, me resultaba interesante.

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Continuamos y el callejeo nos lleva a Baixa. La guía dice que el trazado es del siglo XVIII y que su cuadriculada fisionomía es obra del conocido marqués de Pombal. Al parecer tras el histórico terremoto de 1755, el rotundo primer ministro, decretó que todas las calles tuvieran un ancho de 12 metros, con aceras a ambos lados y protegidas del tráfico rodado por medio de pilares de piedra como las calles de Londres.

navidad en lisboa

Atravesamos el majestuoso Arco Monumental y triunfal para desembocar a la amplia Plaza del Comercio. Predomina el amarillo de las fachadas y de la luz radiante del sol… Desayunamos en una clásica cafetería de sus soportales.

De la plaza nos dice la guía que es conocida con el nombre de Terreiro do Paço , Terraza del Palacio, en clara alusión al Palacio Real del siglo XVI ubicado aquí hasta quedar casi totalmente destruido…de nuevo por el terremoto y maremoto de 1755. Nos dice también que la estatua ecuestre que preside la plaza es del rey José I que reinaba durante el terremoto, por ella la plaza es también conocida como la plaza del caballo negro. Dicen que se necesitaron mil personas y cuatro días para colocarla.

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El hecho de tener un flanco abierto a la orilla del Tajo le hace ganar aún más amplitud. Era la puerta principal, la entrada a la ordenada ciudad europea y debía lucir imponente e inolvidable.

tranvia en Lisboa plaza del comercio

Callejeamos un rato más por el ordenado laberinto y los nombres de las calles nos dan pistas sobre su pasado comercial y artesanal, calle de los zapateros, de la plata, del oro,…

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En algún momento tomamos un tranvía para subir hasta el castillo de San Jorge. Estrechísimas calles, oscuras y muy empinadas, inmuebles decrépitos, azulejos, desconchones… nos llevan hasta la cima de la colina donde se encuentra el castillo. Al parecer es aquí donde está el origen de la ciudad, donde los fenicios instalaron sus primeros asentamientos. Posteriormente fue fortificada por romanos, visigodos y árabes. La guía nos lo presenta como un oasis de paz, con agradables sombras, jardines, inmejorables vistas…pero la laaaaarga cola para entrar nos cortó el rollo y nos desanimó a entrar. Decidimos bajar la cuesta y recrearnos con los edificios de la bajada…

calles viejas Lisboa

Con la vida…

balcones portugueses

…Y con las diferentes perspectivas de los fotogénicos tranvías, azoteas y balcones…

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Continuamos bajando y ahora nos adentrábamos en la parte alta del emblemático barrio de Alfama. Desde allí cotilleamos su muy entretenido mercadillo… llamado la feira da la ladra, el mercado de los ladrones. Se celebra los martes y sábado y tiene su punto.

mercados en Lisboa

A los pies de iglesias y catedrales los vendedores ambulantes esparcen cacharros, antiguallas, libros,…ropa, …cerámicas…vinilos…

mercados en lisboa con encanto antiqüedades

La mañana de martes está radiante, la mucha luz y algo de música en directo contribuyen a crear más ambiente. En este otro post os conté un poco más de este curioso mercado que se celebra desde el siglo XII.

música callejera

Sin prisas desembocamos en la parte baja del barrio de Alfama. Encontramos una zona más residencial que comercial llena de callejones, escaleras, algún pasadizo, algún arco, fachadas, rincones, azoteas, balcones alineados,…ideal para divagar sin rumbo.

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Nos reencontramos con la catedral y la plaza y caminamos hasta la estación Casi do Sodré desde donde tomaríamos un ferry para cruzar a la otra orilla, ver otra perspectiva de la ciudad, visitar la fragata La Gloria y comer en Calcinhas.

orilla calcinhas lisboa

La travesía dura poco pero las vistas de la ciudad son de las que se quedan para siempre. Desde el Tajo, Lisboa aparece fotogénica como una postal.

vistas de Lisboa desde el tajo

Comenzamos buscando la histórica réplica de la fragata La Gloria. Pagamos una pequeña entrada y accedimos a su interior restaurado que funciona como un pequeño museo, centro de interpretación, con instrumentación, maniquíes, materiales, …

fragata la Gloria Lisboa

Tras la visita callejeamos un poco y buscamos un sitio para comer. Elegimos un lugar sencillo, comida casera, todo riquísimo…aunque fueron terroríficamente lentos para servirnos… Cuando salimos de aquel agujero de gusano temporal solo tuvimos tiempo de un breve callejeo por el turístico pueblo de Calcinhas.

Calcinhas iglesia Lisboa

Volvimos a tomar el ferry y a recrearnos con las panorámicas vistas…el puente, la ciudad…y volvimos de nuevo al callejeo relajado. En la plaza del Comercio estaban  montando escenarios, pantallas y equipos de sonido,… la noche vieja se acerca.

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Pasamos por la Rua Augusta y continuamos hasta llegar al Barrio Alto-Chiado donde repusimos fuerzas tomando algo en una agradable galería de arte-cafetería. A la salida nos asomamos a la pasarela que lleva al elevador de Santa Justa para ver las vistas de la ciudad ahora encendida. Si te molan las compras, entre deambular y deambular puedes aprovechar para hacer compras, las rebajas en Lisboa comienzan antes.

fachadas verde lisboa

Habíamos comido tarde…así que para cenar compramos, para llevar, un par de bocatas de carne en un claustrofóbico bar ubicado en uno de los laterales de la plaza de Rossio. Luego caminamos hasta la primera boca de metro que encontramos y regresamos al hotel. Desde la alta habitación veíamos el castillo de San Jorge y los techos sin tejas de otra Lisboa mientras nos comemos los bocatas. No toda la ciudad es melancólica, también tiene su parte financiera más moderna/actual.

DIA 4:

Comenzamos aquella mañana tomando el tranvía para llegar al barrio de Bélem y visitar el Monasterio de los Jerónimos. Desde la Plaza del Comercio puede tomarse el tranvía 15 o el bus 728 para llegar al histórico barrio.

arco plaza del comercio lisboa

Pese a que madrugamos, hicimos un ratito de cola…es lo que suelen tener los Patrimonios de la Humanidad y las vacaciones de Navidad,… Aprovechamos el rato de espera para ir echando un vistazo a los múltiples detalles que decoran las puertas, pórticos y fachada exterior…

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Al parecer, el actual monasterio se levanta sobre una antigua capilla, mandada a construir por Enrique el Navegante para ofrecer a los muchos marineros paz antes de zarpar en busca de nuevas rutas.

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Su construcción tardó más de cincuenta años, pasó por las manos de varios arquitectos y por ello es posible encontrar mezclados los estilos gótico, manuelino y renacentista.

Por suerte la cola va rápida y cuando accedemos al interior… misteriosamente no está nada masificado, quizás debido a sus las enormes dimensiones…

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Comenzamos por el templo y luego recorremos sin prisas las dos plantas del impresionante claustro.

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Prestamos atención a la increíble piedra tallada, a las curiosas figuras, texturas, materiales,…columnas, paredes, pasillos, escaleras, …

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Nos sentamos en un banco de piedra a detener el tiempo. Disfrutamos de los juegos que hacían las luces y sombras y de la mucha calma del claustro…

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De las diferentes perspectivas…

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De las simetrías y ángulos…

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Cotilleamos recovecos…

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La guía nos dice que en la pequeña capilla guardó una vigilia Vasco de Gama antes de partir hacia las Indias y que en su honor se construyó el actual templo. Cuando salíamos nos acordamos de visitar la tumba del navegante y así nos despedimos del mucho sosiego del precioso monasterio.

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Al salir comimos en un eco-burguer cercano al convento y a la pastelería de Belém pensando que sería algo rápido …pero no, el servicio era también del tipo agujero de gusano espacio-temporal. Nos pusimos en modo vacaciones On y disfrutamos de la rica hamburguesa.

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Para bajar la comida continuamos un rato paseando por la verde y agradable zona, llena de preciosas fachadas, terrazas, joggings, niños jugando,…hasta que tomamos de nuevo el moderno tranvía 15 y regresamos al corazón de la ciudad.

Callejeamos por la parte baja de Alfama, pasamos por la Casa de los Bicos. Actualmente es la sede de la Fundación José Saramago y puede visitarse para conocer la vida y obra del premio Nobel portugués.

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La cerámica está presente en toda Lisboa. Existe incluso un museo dedicado al azulejo, nosotros nos conformamos con admirarlos por las calles y entrar en alguna curiosa exposición, o artesanal tienda…

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Hay fachadas con clásicos azulejos, de piedra, … predomina el color… y callejeando subimos a la zona alta para asomarnos a algunos de los miradores.

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¿Sabías que existe el color verde Lisboa?, es este 🙂

Aparecemos en el coqueto mirador de Santa Catarina y disfrutamos de nuevo de las panorámicas y caóticas alturas…”El caos es un orden sin descifrar” (Saramago)

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Bajamos buscando la orilla del río. Y esa última tarde del año veíamos atardecer junto al Tajo. Preparaban el espectáculo pirotécnico que por la noche daría la bienvenida al año nuevo en Lisboa. Disfrutamos de las últimas luces del día y de los contraluces fotogénicos del puente 25 de abril.

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Cenamos en un pequeño restaurante local que teníamos fichado, Restaurante Alpendre. No admitían reservas, era por orden de llegada, así que esperamos un ratito y cenamos sin problemas. Todo estaba muy rico, el personal muy divertido y amable, el ambiente muy agradable, además muy económico. Para nosotros fue una cena perfecta para despedir el año.

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Tras la rica cena nos acercamos al escenario que habían montado en la Plaza del Comercio. Estaba llena, llenísima, aunque aún había algo de espacio para respirar. Había puestos de comida, terrazas repletas, guiris y lisboetas, …Sobre el escenario un grupo cantaba fados… el fado nos mola, pero hay que recocer que para un fin de año… pues… aquí en este post os lo contaba 🙂 mejor…

Estuvimos allí un rato …hasta que nos acordamos que era una noche especial para el tema de los horarios de los transportes públicos y antes de cortarnos las venas con la sodade del fado, …decidimos marcharnos al hotel. El metro, al menos en 2014-2015, dejaba de funcionar antes de las 00:00 y el tema taxi se convertía en una odisea.

En el supermercado no encontramos uvas y acabamos pillando unas frambuesas,… y con ellas, desde la ventana de nuestra habitación vimos los fuegos artificiales y brindamos por el 2015.

Se nos quedó mucho en el tintero viajero, pero sabemos que volveremos. Tiene interesantes museos, como el arqueológico, el dedicado al fado, a los carruajes…, galerías de arte, casas culturales, … Aquí en la web oficial de turismo Lisboa podéis ampliar información, consultar la agenda cultural, actualizar precios y horarios…

Lisboa nos gustó mucho, su luz, color, su gente, su rica gastronomía… es fácil enamorarse de ella y quedarse con ganas de volver 🙂 y volveremos. Melancólica a la vez que vital, decrépita a la vez que renovada, vieja pero vanguardista, sucia y limpia, oscura y luminosa,… ordenada y caótica, …una bella ciudad a ratos contradictoria, antagónica, a veces bipolar,… Y nosotros recordamos la bonita frase del luso Pessoa; “Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”.


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